Tocar madera ante las desgracias ajenas o cruzar los dedos para que nuestros deseos se cumplan son supersticiones incrustadas en el inconsciente del ser humano y que a día de hoy lo seguimos ejecutando como un acto reflejo.

Tocar madera

Proviene de un antiguo rito adivinatorio mediante el cual se podía conocer si un deseo se cumplía o no arrojando un alfiler o piedra aun pozo, solo si la inmersión producía burbujas, el sedeo se cumplía

Cruzar los dedos

Cuando incumplimos los juramentos, cruzamos los dedos para protegernos de la mala suerte y cuando pedimos un favor para que neutro deseo se cumpla. Todo se remonta  a una costumbre cristiana mediante la cual dos personas entrelazan sus dedos índices para expresar un deseo y su juramento de ayudarse a cumplirlo mutuante.

Si te pitan los oídos 

Cuando nos pitan los iodos achacamos a que alguien está hablando de nosotros, así pues según la tradición, el oído izquierdo seria para el amor y el derecho para el rencor. Si  pellizcas tu oído derecho cuando pita, se dice que el rencoroso murmurante se morderá la lengua.

Soplar una pestaña

En la edad media  existía la creencia de que el Diablo coleccionaba pestañas, por lo que cada vez que a alguien se le caía una pestaña se consideraba un mal augurio. Para contrarrestar el efecto había que coger la pestaña, ponerla en el dorso de la mano y arrojarla por encima del hombre izquierdo, o bien ponerla sobre la punta de la nariz y soplarla. La creencia del diablo se ha perdido con el tiempo, pero seguimos conservando la superstición de pedir un deseo al soplar una pestaña caída.

Soplar todas las velas de cumpleaños

Esta superstición proviene de Alemania de la Baja Edad Media. Fue en esa época cuando se empezó a instaurar la costumbre de colocar en pasteles de cumpleaños tantas velas como años se cumplían. La singularidad que se ha perdido es que se colocaban tantas velas como años se cumplían mas una que simbolizaba la prosperidad el próximo año y que era la que resultaba fundamental  apagar para obtener la buena suerte.

Herradura de la suerte

En los tiempos de griegos y romanos, la herradura, por su forma de media luna y la capacidad de atracción del hierro, era considerada mágica, los cristianos europeos se adueñaron de esta superstición y atribuyendo su origen a San Dustan de Canterbury, un monje y arzobispo ingles estudiosos  de la metalúrgica. Según cuenta la leyenda Dustan le coloco la herradura al Diablo le prometió que jamás se acercaría a alguien que tuviese una herradura. Dependiendo de la parte de Europa, para que la herradura dé buena suerte  esta debe colocarse con las puntas hacia arriba o como en España, con las puntas hacia abajo.

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